La Hipertensión

¿Qué es la hipertensión arterial?
 Cuando el corazón impulsa la sangre hacia las arterias, produce una presión contra sus paredes, que se puede cuantificar con una cifra llamada "tensión arterial". La hipertensión arterial consiste en una elevación persistente de la presión en las arterias, por encima de unos valores considerados normales.
La hipertensión arterial afecta a muchos millones de personas en el mundo. Se calcula que un 20% a un 30% de la población padece esta enfermedad.
Al no producir síntomas, es frecuente que pase desapercibida para el paciente. De hecho, se estima que sólo se diagnostica en dos de cada tres individuos que la padecen. Además, en aquellos pacientes diagnosticados como hipertensos, tan sólo en un 20 a un 30% se consigue un buen control.
¿Qué factores pueden favorecer el desarrollo de una enfermedad cardiovascular?
La hipertensión arterial se considera en el argot médico un "factor de riesgo cardiovascular". Con ello se indica que aquellas personas con hipertensión arterial tienen una mayor probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular que las personas no hipertensas: cuanto mayor es la cifra de tensión arterial, mayor es el riesgo.
La tensión arterial no es el único factor de riesgo cardiovascular. Otros factores de riesgo son el tabaco, las cifras altas de colesterol, la diabetes mellitus, la existencia de antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, la obesidad y la vida sedentaria. Cuantos más factores de este tipo reúne una persona, mayor es el riesgo de que padezca una enfermedad como angina de pecho, infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardiaca o accidente cerebrovascular.
Por otra parte, se ha demostrado que con un buen control de la tensión arterial, así como de los otros factores de riesgo, la probabilidad de tener una enfermedad cardiovascular disminuye de forma considerable. Por esta razón es importante detectar y tratar de forma conjunta esta enfermedad y todos los factores de riesgo cardiovascular presentes en una persona.

¿Por qué aparece la hipertensión arterial?
En un 95% la hipertensión arterial es "esencial", es decir, se desconoce la causa que la origina, si bien se sabe que múltiples factores, tanto genéticos como ambientales (obesidad, consumo elevado de sal o alcohol, falta de ejercicio físico, estrés) juegan un papel en su patogenia.
En el 5% restante, la hipertensión arterial es "secundaria", es decir, se origina como consecuencia de otras enfermedades (de riñón, hormonales, tumorales, por fármacos tales como anticonceptivos orales y corticoides etc.). A veces se produce durante el embarazo, situación denominada "preeclampsia" y que requiere de un estrecho control médico. De hecho, en la hipertensión arterial secundaria, el tratamiento de la enfermedad que la causa puede en ocasiones conducir a una normalización de la tensión arterial.
En todas las personas menores de 40 años que presenten hipertensión arterial, se ha de descartar que ésta sea secundaria a otra enfermedad.

El aumento de la tensión arterial se puede explicar mediante distintos mecanismos. Por ejemplo, si el corazón impulsa un mayor volumen de sangre hacia las arterias con cada latido. Otra posibilidad frecuente es que las arterias, con la edad y debido a la formación de placas de aterosclerosis, se vuelven rígidas y no se distienden cuando reciben la sangre procedente del corazón, lo que se traduce en una mayor presión arterial arterial. Otra causa es la contracción de las arterias de menor calibre en respuesta a estímulos hormonales, como la "angiotensina II" que es un potente vasoconstrictor secretado por el cuerpo humano, o bien en respuesta a estímulos nerviosos por la acción del sistema nervioso simpático. También un mal funcionamiento renal, que impida la normal eliminación de agua y sal, dará lugar a un aumento del volumen sanguíneo y a una hipertensión.

¿Cómo se manifiesta la hipertensión arterial?
La hipertensión arterial es generalmente una afección que no produce síntomas. Sin embargo, a largo plazo, una tensión arterial mal controlada puede dar lugar a daños irreversibles en los vasos sanguíneos y posteriormente a una lesión de órganos vitales, como el corazón, el cerebro, el riñón y la retina. La lesión de estos órganos vitales se puede manifestar con síntomas tales como dolor de cabeza, cansancio, náuseas, vómitos, alteraciones visuales, sensación de dificultad para respirar, dolor de pecho, edema de las piernas. En casos severos se puede producir un cuadro de confusión (el paciente se haya desorientado y atontado) llamado " encefalopatía hipertensiva" e incluso entrar en coma debido a un edema cerebral. Otras posibles complicaciones son la angina de pecho, el infarto agudo de miocardio agudo de miocardio, la insuficiencia cardiaca, la insuficiencia renal, los accidentes cerebrovasculares y los aneurismas aórticos, entre otras.

¿Cómo se mide la tensión arterial?
El valor de la tensión arterial se expresa con dos valores. El valor superior o presión arterial arterial "sistólica" se produce cuando el corazón se contrae y envía sangre hacia las arterias (sístole); el valor inferior o presión arterial arterial "diastólica" corresponde al momento en que el corazón se relaja entre un latido y otro (diástole). La presión arterial se mide en milímetros de mercurio. Por ejemplo, un individuo puede presentar una tensión arterial de 120/80 mm Hg (milímetros de mercurio), lo que quiere decir que tiene una presión sistólica de 120 y una presión diástólica de 80 milímetros de mercurio. Esta medición se expresa como ciento veinte ochenta.
La medición de la tensión arterial se realiza mediante unos aparatos denominados esfingomanómetros. Los más precisos son los esfingomanómetros de columna de mercurio, habituales en las consultas. Si se realiza con otro tipo de aparato (como los automáticos), es necesario asegurarse de que esté bien calibrado.

 El esfingomanómetro consiste en un manguito que se sitúa rodeando el brazo del paciente, por encima del codo. El brazo en el que se realiza la medida ha de estar apoyado y el manguito ha de quedar a la altura del corazón. El manguito, a su vez, va conectado mediante un cable con un sistema de medición que indicará los valores de presión sistólica y diastólica detectados (columna de mercurio) y mediante otro cable con una perilla, a través de la cuál se insufla aire en la cámara interior del manguito.
 Para efectuar la medición se insufla aire en el manguito comprimiendo la perilla, con lo que éste se estrecha en torno al brazo. Luego, el manguito se ha de desinflar lentamente, mientras que se mantiene el fonendoscopio sobre una de las arterias del brazo, a la altura del codo, con la finalidad de detectar el latido cardiaco.
El valor que marca la aguja del esfingomanómetro cuando el latido cardiaco se hace audible, corresponde a la presión arterial sistólica. Al seguir deshinchando el manguito, llega un punto en el que el latido ya no se detecta, y que corresponde al valor de la presión arterial diastólica.

Para que una medición sea correcta es necesario que el paciente no haya ingerido alimentos, té ni café y no haya fumado durante los 30 minutos previos. La primera toma de tensión arterial se ha de realizar preferiblemente en ambos brazos, pues con frecuencia varía de uno a otro. Si se detecta una presión elevada, es importante que las siguientes tomas de seguimiento se realicen en el brazo donde la medición fue más alta.
Conviene que las medidas de seguimiento se realicen aproximadamente a la misma hora del día y con el mismo aparato.

Fecha de publicación: Agosto 2000
Dra. Teresa Díez Laplaza ( Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria) Comité Editorial de Saludalia